Lo bueno de los espejos es que nos ayudan a entendernos, siempre se tiene el pensamiento de que los espejos dicen la verdad, de que reflejan la realidad de las cosas, ¿pero es eso siempre cierto?
Porque hay espejos que dan efectos diferentes de lo que tienen al frente: Algunos nos hacen ver más gordos de lo que somos, como los de los gimnacios, queriéndonos hacer ver que esas pesas están haciendo la diferencia. O hay otros que nos hacen ver más delgados, esos son ideales para quienes quieren pensar en que la dieta resulta al tercer día. Unos no son de cuerpo entero; esos son excelentes para obviar el abdomen. Hay otros en los baños que tienen luces muy cerca, y hacen notar hasta el más mínimo defecto del rostro. Conclusión: depende lo que queremos ver, ya sabemos cual espejo usar.
Los espejos nos ayudan a entendernos porque los humanos somos como espejos; creyendo siempre que decimos la verdad, que somos transparentes y reflejamos la realidad de nuestro ser. Pero quién puede saber qué tanto se aleja de la realidad un espejo mas quien lo confeccionó? Quién podrá asegurar que su reflejo no es un efecto visual prediseñado?
Hay muchos detalles en la verdad; hay que remover el polvo y las manchas de la superficie, revisar el grosor y finalmente tener el coraje de ver la faz de la honestidad. Blanquearse en la frescura de la sinceridad. Porque si bien la verdad es un gusto adquirido, se reconoce el valor de su sabor hasta ser víctima de la mentira; es hasta vernos envueltos en un engaño, que finalmente reconocemos lo verdaderamente puro. Porque en esos casos, no queda de otra más que permanecer quieto y experimentar la bomba de la mentira estallar en la cara.
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